lunes, 17 de marzo de 2008

Problema Educativo

PROBLEMA EDUCATIVO
Mario Alfredo Rodríguez León
Grupo 1. Alianza Médica. Churubusco, D. F.
Tutor: Raúl Porras Rivera


Problema.
La salud es asumida por la mayoría de los mexicanos, como el máximo patrimonio: “sin salud…nada; con salud…todo”; solemos decir. Sin embargo, en la realidad, la salud es posiblemente el patrimonio menos cuidado y atendido por nosotros; como ciudadanos y como Estado/Gobierno.

Uno de los muchos argumentos que apoya este hecho lo constituye la siguiente realidad: al médico acudimos cuando estamos enfermos. Hacerlo cuando estamos sanos plantea una inutilidad de facto. Esta situación nos ha llevado a tener una transición epidemiológica que caracteriza, por su frecuencia, a las enfermedades crónicas no transmisibles, desplazando a las transmisibles. Sin embargo, las enfermedades crónicas devastan a la población no tan solo provocando muerte, sino haciéndolo de una manera lastimosa, cara y con un desgaste enorme.

Si bien “todos, para morir nacimos”, se ponen en juego diferentes variables y situaciones que –en su conjunto- conforman una resultante que, en lo general, reconoceremos como el grado de bienestar con el que llevamos la vida. La inmensa mayoría de los seres humanos no solo queremos una larga vida, sino una vida plena, colmada de éxito y felicidad. La muerte llegará, sí, pero ojala después de mucho tiempo, de manera súbita, sin dolor y con todo debidamente organizado.

Las instituciones de salud habitualmente no propenden ni motivan un cambio de este paradigma: al médico se acude cuando se está enfermo; si no, ¿a que voy?
Ni que decir de las consecuencias que en salud y finanzas, este planteamiento conlleva.

¿Cómo perciben esta situación los integrantes de una comunidad universitaria en la que se forman recursos humanos para la salud?; concretamente en una escuela o facultad de medicina; ¿Cuáles son las opiniones, la percepción de este fenómeno en los estudiantes de medicina?, ¿en sus profesores y tutores?, ¿en la comunidad en pleno?

¿Influirá en la formación profesional este paradigma?, ¿o de hecho es parte del origen? Me resulta importante explorar y conocer las posibles respuestas a estos planteamientos.

Vinculación del estudiante con el problema.
En diferentes etapas profesionales, he tenido la oportunidad de observar como esta situación ha prevalecido por décadas. Como profesor de pre y de posgrado en diferentes momentos profesionales; como directivo de unidades médicas, he constatado la gran frecuencia de situaciones que tienen que ver con el mal cuidado y preservación de la salud, incluso favorecido por una práctica médica deficiente e inoportuna (en ámbitos público y privado, indistintamente).

El gran problema es que esta manera de ejercer la medicina da como resultado menoscabo en la calidad de vida, por el avance de la enfermedad aun cuando no hay evidencia clínica de la misma y gran elevación de los costos derivados de la atención.

Contexto institucional en el que se inserta el problema.
La salud, insisto, es un patrimonio realmente poco ponderado por la población. Si a los alumnos de la carrera de medicina, en general, se les enseña enfática o preferencialmente a “curar” las enfermedades más que a prevenirlas; obvio es que así ejercerán su profesión. Del mismo modo; si desde el inicio de su carrera, se les “enseña” liminal y subliminalmente que el éxito profesional como médicos únicamente será posible si se especializan o, mejor aún, se “sub” especializan, pierden el marco referencial de lo “general” como meta y se reduce al pregrado a un mero trámite o prerrequisito para especializarse; es decir, la profesión de “médico general”, quedará en franca desventaja.

Vinculación del estudiante con el contexto institucional.
En general, las instituciones de salud en México actúan sobre esta forma de atención. He tenido la oportunidad de constatar que, en la gran mayoría de los casos, la atención es marcadamente curativa. La prevención, el enfoque de riesgo y la anticipación a los daños a la salud no son habituales, o al menos no ante las enfermedades crónicas no transmisibles. ¿Será esto resultado de la formación de recursos humanos para la salud?

Justificación personal y profesional para la elección del problema educativo.
Insisto; el cotidiano contacto con la atención curativa me ha llenado de satisfacciones, pero también de preocupación. Considero más que oportuno que, de ello, mejor nos ocupemos. Ocuparnos de la efectiva mejora en la conducta de la población ante su propio cuidado y procuración de salud. La formación de médicos me parece una oportunidad para que, al menos, se mencionen, se practiquen y se profesionalicen tendencias que lleven a una visión más integral en el estudiante y futuro profesional. Dar opción a que la medicina general PERFECTAMENTE puede –y considero que DEBE- tomarse como una excelente opción TERMINAL; sin confrontación al hecho de coexistir respetuosamente con la desmedida especialización que hoy vivimos.

Relevancia del tema dentro del campo específico del conocimiento y dentro de la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas.
Lo destacado de este planteamiento consiste en su sencillez. ¿Por qué hace décadas, un médico general era suficiente para la sociedad?, es claro –y quiero dejarlo MUY CLARO- que la especialización y la subespecialización es buena, útil y absolutamente NECESARIA; más no como la única (o casi) manera de hacer medicina. Costos, tiempos, demanda de atención, recursos, oportunidades diagnósticas, entre otras, son razones que nos debe detener y llamar a la reflexión. En este fenómeno, seguramente tiene mucho que ver la educación y la formación de los médicos en sus respectivas escuelas y facultades.

Mencionar 5 fuentes de consulta que le pueden servir como apoyo para el estudio de su problema

Referencias:
Cheryl Dellasega, Paula Milone-Nuzzo, Katherine M. Curci, J.O. Ballard and Darrell G. Kirch, The Humanities Interface of Nursing and Medicine, Journal of Professional Nursing 2007;23(3):174-179.

Dorothy A. Andriole, Mary E. Klingensmith and Donna B. Jeffe, Who Are Our Future Surgeons? Characteristics of Medical School Graduates Planning Surgical Careers: Analysis of the 1997 to 2004 Association of American Medical Colleges' Graduation Questionnaire National Database, Journal of the American College of Surgeons 2006;203,(2):177-185.

Nurcan Ilksoy, Renee H. Moore, Kirk Easley and Terry A. Jacobson, Quality of Care in African-American Patients Admitted for Congestive Heart Failure at a University Teaching Hospital, The American Journal of Cardiology 2006;97(5):690-693.

Sara B. McMenamin, Julie Schmittdiel, Helen A. Halpin, Robin Gillies, Thomas G. Rundall and Stephen M. Shortell, Health promotion in physician organizations: Results from a national study, American Journal of Preventive Medicine 2004;26(4):259-264.

Rachael Callcut, Michael Snow, Barb Lewis and Herbert Chen, Do the best students go into general surgery? Journal of Surgical Research 2003;115(1):69-73.

Porcentaje de defunciones generales por sexo y principales causas, 1990 a 2006.
http://www.inegi.gob.mx/est/contenidos/espanol/rutinas/ept.asp?t=mpob45&s=est&c=3222

7. Consejo Nacional de Población. La situación demográfica de México 2000. México, Consejo Nacional de Población. Situación actual de las y los jóvenes en México. Diagnóstico sociodemográfico. México, D.F.: CONAPO.

8. Análisis comparado de los sistemas de salud de los países andinos y el caribe.
Tendencias de la configuración y reformas de los sistemas de salud, en: http://www.revmed.unal.edu.co/politicas/tendencia.htm

9. Encuesta Nacional de Nutrición y Salud. Instituto Nacional de Salud Pública de México. http://www.insp.mx/ensanut/

Moore, Michael: Sicko; la negligencia médica, Filme de 2007.

lunes, 3 de marzo de 2008

RESEÑA SOBRE ESCUDERO ESCORZA

Desde los tests hasta la investigación evaluativa actual.
Un siglo, el XX, de intenso desarrollo de la
evaluación en educación

TOMÁS ESCUDERO ESCORZA
Relieve 2003; 9(1):11-43



RESEÑA

Mario Alfredo Rodríguez León
Alianza Médica Churubusco
2008.

Escudero, T (2003), conduce al lector por una revisión exhaustiva sobre los orígenes y los derroteros de la evaluación; desde su origen históricamente detectable, hasta nuestros días.

Sin menoscabo de citas y referencias, el autor analiza las diferentes perspectivas históricas en función de la evaluación y, particularmente, de la evaluación educativa.

Desde tiempor remotos hasta nuestros días, Escudero narra una sólida ruta que nos conduce desde el tutor griego clásico, hasta os complejos terrenos correspondientes a la postmodernidad. Explica como en cada tiempo, en cada etapa, la enseñanza y el aprendizaje han cursado por diferentes derroteros que han permitido llegar a nuestros días con una ya depurada descripción, métodos y acciones que sustentan este proceso.

Explica, con prolijidad de fundamentos, como de la sola “medición y contraste” se ha llegado a la evaluación y, particularmente, a la investigación en y para la evaluación.

El desarrollo del texto se desenvuelve centrado en tres planteamientos o enfoques. Escudero destaca tres:

El primero apunta a los que algunos autores (Madaus, Scriven Stufflebeam, entre otros) denominan como “las seis épocas”:
Reforma
Eficiencia
Época de Tyler
Inocencia
Expansión
Profesionalización

Las postrimerías del siglo XIX da la pauta inicial para la descripción formal de las diferentes “fases” y corrientes que al respecto se han dado.

Durante el siglo XX se destacan múltiples grupos y tendencias. Muchos señalan al constructivismo; que implica a la medición, la descripción y el juicio como sus principales componentes, como una corriente básica.

El advenimiento de los “tests” psicológicos de los principios del siglo XX, son referenciados como uno de los principales antecedentes de la evaluación; realizados como pruebas psicológicas y de destreza a los reclutas durante la primera guerra mundial. Estos “tests”, son un hito que implicó una acción trascendente: la “estandarización” de estas pruebas, para la su óptima utilización. Esta estandarización permitió la masiva aplicación de estas pruebas.

Tyler (1942), con base en la “evaluación científica”, propende al perfeccionamiento de la calidad de la educación. Este enfoque da a la evaluación la característica de ser un “juicio de valor” y no tan solo una simple medición; hecho que da trascendencia a este proceso. Por primera ocasión, se une el concepto que liga al programa educativo y sus metas, con los resultados que se esperan del mismo. Se trasciende al sólo juicio de un maestro para ejercer un valor al aprovechamiento escolar y educativo; a determinar su cambio y para conocer la eficiencia de los programas educativos.

En los años setenta, se da lugar a la evaluación cuanti y cualitativa (Guba, Lincoln y House); si bien otros autores enfatizan algunos matices dentro de este marco de referencia.

La “cuarta generación” (Guba y Lincoln, 1989), característicamente postmoderna, implica la sistematización de la evaluación. Se aplica el término “contrato” con un patrocinador y/o cliente, la plena identificación del objeto a evaluar, así como el propósito de la misma. Se establecen las prioridades, se realiza el levantamiento (recogida) de la información y por último, se genera en informe. Todo este proceso es ahora necesario para la óptima evaluación, conforme a la postulación de estos autores.

Sufflebeam (1994) y su “objetivismo”, brinda el sustento para la evaluación educativa y crea un puente natural entre ésta y la investigación en este campo.

La propuesta, en función de la investigación evaluativa parte de cuatro principios, aplicables a todos los estudios que en este sentido se generen. Estos estudios deberán ser:
Útiles
Factibles
Legítimos y apropiados (éticos y pertinentes)
Seguros y precisos

Stufflebeam agrega que, para evaluar la educación en una sociedad moderna, se deben tomar como base, algunos criterios que denomina básicos:
Las necesidades educativas
La equidad
La factibilidad
La excelencia

Sobre estos fundamentos, este autor agrega una serie de recomendaciones para realizar investigaciones óptimas. Destaca el hecho que TODO el proceso educativo y todos sus actores, deben estar sujetos a protocolos de evaluación. La Por ejemplo, la “rendición de cuentas” , las responsabilidades y sus cumplimientos, la evaluación de las “entradas”, “salidas”, la comunicación, la evaluación de productos y servicios, son ejemplos que destacan la acuciosidad y la trascendencia del proceso de evaluación en nuestros días. Se ha llegado, por supuesto, a la cognición de los “meta-análisis” y el “empoderamiento” (empowerment) de la evaluación. El “poder” que la misma –en si misma-, tiene y permite…

Culmina el texto de Escudero con una recapitulación del proceso evaluativo, particularmente de los setentas en adelante, del agitado siglo XX. Ofrece un listado que combina las postulaciones de diferentes autores y que amalgama el “modelo” de evaluación educativa: objetivo, propósitos, clientela o implicados, aspectos prioritarios, valor, información a recopilar, métodos para ello, análisis; secuenciación, informes y límites de la propia evaluación.

La revisión resulta trascendente. El aporte de datos, las fuentes originales (abundantes, que implica una revisión exhaustiva y responsable), el análisis y las conclusiones, además de abundante, lleva a tener una visión muy completa del proceso para la evaluación y la investigación evaluativa. Para aquellos que la evaluación, como proceso administrativo y académico, nos resulta fundamental, Escudero nos aporta gran cantidad de información organizada, cronológica y metodológicamente útil. Todo ello hace de este documento un referente indiscutible para poseer bases sobre este significativo proceso.