ENSAYO
Mario Alfredo Rodríguez León
Llamar la atención acerca de algunos de los fundamentos para la educación en el siglo XXI, se asume como una responsabilidad por parte de Edgar Morín; situación afortunada ante la vorágine de los tiempos que vivimos. Morín agrega valor a esta visión dado que su planteamiento mantiene una orientación humanística y filosófica en sus reflexiones. Citar, entre otros, a la “pertinencia” del conocimiento y sus principios, al insoslayable repaso sobre la condición humana con todo y su obvio carácter terrenal, la enseñanza para enfrentar la incertidumbre y sobre la comprensión, redondean su planteamiento. Deja por último, y si bien no menos importante, el repaso sobre la ética que pertenece al género humano.
Sobre esta disertación de Morín, caben reflexiones y comentarios.
Para “enseñar la comprensión”, primero debe materializarse el concepto: "Comprender es pensar con lo sabido y aplicarlo con flexibilidad en el mundo” (Martha Stone W, Harvard University) . Entendidas como funciones cerebrales superiores; entender y comprender se convierten en base del conocimiento y favorecen –es más, aseguran- su perpetuación. ¿Memoria o “entendimiento”?, cabe esta diferenciación. La sola “retención de datos”, construye la memoria; este precepto sirve aún en las computadoras y las hace más poderosas en tanto sean “rápidas” y con “mayor capacidad de memoria”.
Para la memorización se requiere de aplicar la atención; ésta, aunada frecuentemente a la repetición, permite la “retención de hechos”. Frecuentemente, en el ámbito escolar de cualquier nivel, se apela más por la memorización que por la comprensión de los conceptos transmitidos: “dos por dos son cuatro”; mejor lo recito… antes que “comprender” conceptualmente la adición o la multiplicación matemática. Si además a la comprensión se le connota humanismo, adquiere el carácter de sentir, de “sentimiento”. Este hecho dual, Morín lo sitúa como objetivo e intersubjetivo; este último precisamente orientado más hacia la solidaridad y la empatía. La comprensión requiere entonces de “componentes” que faciliten la misma. Por ende, existen “vicios” u obstáculos que conllevan a la “incomprensión” tan esparcida en todas las relaciones humanas: individuales, familiares, sociales y hasta internacionales, con implicaciones en TODOS los campos del ser y del saber humano.
Esta aplicación del término implica respeto para las relaciones. No entender o no comprender los preceptos de otro no justifica, en principio, la descalificación. Aplicada a la “cultura” (entendida ahora como la suma de las conductas individuales en un grupo), la comprensión alcanza posiblemente su máxima acepción. ¿Un efecto de este pensamiento?, muy probablemente alimenta lo es la democracia. La incomprensión alcanza e “institucionaliza” sinrazones. El holocausto judío, tan llevado y traído, es un claro ejemplo de “etno” y “sociocentrismo”. “La incapacidad de concebir lo complejo y la reducción del conocimiento de un conjunto al de una de sus partes provocan consecuencias aún más funestas en el mundo de las relaciones humanas que en el del conocimiento del mundo físico”, textual de Morín que deja en claro la idea de la incomprensión en el terreno social y aun entre naciones.
Se vale entonces el “comprender bien”. Esto sintetiza la aplicación ética de la comprensión. El bien común sobre el individual, prevalece como un principio que permitirá sociedades sanas y funcionales. Extrapolado al orbe, este fundamento mejoraría en mucho las relaciones humanas y la tolerancia se erige como una cualidad de valor, necesaria para la convivencia.
Contra estos principios, el ejercicio del “terror” como opuesto de la comprensión y de la tolerancia, magnifica la resistencia al bien común. El “terrorismo” pone de manifiesto estos comportamientos. Avivado frecuentemente por el “fundamentalismo”, el terror es habitualmente utilizado contra sujetos inocentes, es decir, personas que nada o muy poco tienen que ver con la situación de origen y que son utilizadas para “extremar” los comportamientos. Las personas fallecidas en los vuelos y en las torres gemelas de NY en 2001 son hechas “objeto” del terror; su muerte utilizada para “convencer” acerca de sus principios y “fundamentos”. Palestinos inocentes que sufren día con día agresiones israelíes. Comunidades que padece el extremismo vasco; etnias pletóricas de incomprensión que se inmolan entre sí en el centro de África; ejemplos muchos, demasiados. Lo más destacable en ello es la definición: el que juega el papel de “terrorista” es o será, seguramente, “héroe” para la facción en conflicto. Choques de “conductas”, creencias y principios; materialización de la intolerancia extrema.
Sobre esta base, entender a la comprensión; definirla y conceptualizarla nos permitirá su transmisión, su enseñanza y particularmente su debida aplicación.
Por otra parte, la ética –o “antropoética”, como le denomina Morín-, anima el quehacer de la humanidad. Comprometer los comportamientos de los grupos sociales a la ética obliga a la “humanización” de la humanidad. El precepto invita a evocar un “re-renacimiento”, característico del siglo XVII. La humanidad “renacida” sobre preceptos éticos para obedecer a la vida y para guiar la vida.
Pareciera, cuando menos de facto, que este nuevo renacimiento podría favorecerse en los tiempos modernos a través del ejercicio de la democracia. En este tipo de organización política y social, el individuo es un ciudadano; una persona con derechos y con obligaciones para sí y para con los demás.
Recientemente, a la “globalización” se le ha señalado como el artífice de la deshumanización y de la intolerancia. Quizá esto no es debido al “que”, sino al “como” este empequeñecimiento planetario e informático lo hemos asumido. Es cierto que la globalización se ha hecho a modo de las comunidades financieramente más poderosas. Al resto nos ha quedado aceptar y asumir un rol no siempre deseado. En el mejor de los casos, desempeñarnos de tal manera que “salgamos” bien librados y hasta posicionados del mismo. Aspiración y voluntad; sentires supeditados a la voluntad y dependencia de otros.
En ámbito de la enseñanza-aprendizaje, la ética y la comprensión se erigen como elementos necesarios a compartir con las generaciones en formación. Insisto, difícil tarea si no se cuentan con los conceptos y fundamentos bien claros. Morín insiste una y otra vez en la necesidad de entender, de comprender los términos y sus ámbitos en la sociedad, para con ello garantizar su enseñanza y aprendizaje. Solo así la democracia, el planeta y la vida tendrán futuro.
Dado que, al menos hasta nuestros días, no ha habido otro tipo de organización que supere el orden social obtenido por las avanzadas democracias, éstas se han convertido en el referente. Los países nórdicos europeos son quizá el mejor ejemplo de evolución de esta forma de organización. Interesante ha sido que han alcanzado niveles “ideales” –o casi-, exclusivos del socialismo.
Cabe ahora una última reflexión sobre la ética; particularmente sobre su propia presencia y permanencia en la humanidad: ¿Cuál será la ética del mañana?; sobre la base de lo “bueno para todos”, es muy posible que este bienestar se le reduzca, en breve, a más seres humanos. Las carencias alcanzan niveles inimaginables; al planeta lo hemos enfermado en grado extremo, las sociedades van perdiendo terrenos de paz y comprensión. Los “malos” (crimen organizado, terrorismo, extremismo y fundamentalismo) permean las sociedades y avanzan en la medida que la rentabilidad aumenta. Los medios de comunicación hacen y colaboran con su parte… para unos pocos. La enajenación de los medios va mas hacia el “convencimiento sobre lo bueno” que pregonan los poderosos y los políticos que por las realidades del planeta. ¿Será capaz la sola conciencia ética de unos cuantos contra todos estos “valores” de pocos? Enseñar a entender y a comprender quedará como una opción viable para la conservación de la especie, de la vida. Ahí queda el pensamiento.
En cuanto al plagio en el trabajo científico (y en cualquier otro terreno y giro), menoscaba en lo fundamental al ser humano. “Robo”,”piratería”, “secuestro” podrían aplicarse casi como sinónimos. Finalmente el plagiario está robando, secuestrando o, en lo moderno, “pirateándose” la idea y el valor de otro. En lo científico, Rojas Soriano lo apunta cabalmente: apropiarse, sin dar el crédito debido, al propietario de las ideas y del conocimiento. Más allá del delito, el plagio representa un acto flagrante de deshonestidad. Sinceramente me parece que si bien se afecta a las ciencias (y a los científicos); es la sociedad en pleno la que pierde.
Duele ver muchas calles de nuestras ciudades PLAGADAS de robos intelectuales, científicos, tecnológicos, de diseño y hasta de música y cine… Duele de veras. En la medida que una sociedad se torna más hacia la piratería en cualquiera de sus formas, más atrasada y pobre será. El “beneficio” inmediato por la adquisición económica, conlleva a pérdidas catastróficas que paraliza el aparato productivo. Los “pobres” encuentran la manera de adquirir bienes “baratos” que de otra manera (legal) no podrían pagar. ¿Estarán realmente conscientes nuestros políticos de esta situación? El cáncer corroe y corrompe el organismo; la piratería, el plagio corroe el tejido social, afectan el aparato productivo y merma las reales posibilidades de desarrollo. “Dime que tan pirata eres y te diré hasta donde llegarás como sociedad…” La reflexión va más allá de una postura ética o moral; la llevo a lo pragmático de perder, día con día, poco a poco, la conciencia sobre lo bueno y lo malo. El hábito hecho costumbre, la costumbre hecha ley… A eso hemos llegado.
Insisto, hoy nuestras calles son espacios sin orden, sin respeto, sin recato. Frente a todos, se suceden, como si nada, eventos cotidianos y masivos de plagio y robo intelectual. Las autoridades responsables de la sanción, de la aplicación de las leyes hacen nada; o bueno quizá sí hacen… coludirse y obtener beneficios personales de ello.
Ética, moral, respeto, desarrollo. Bienes, verdaderos patrimonios sociales que poco a poco devaluamos y perdemos. ¿Qué hogar mexicano no cuenta con algo pirata? Llevado a la ciencia, a la educación a la tecnología, esta conducta terminará por comerse, tragarse todo. ¿Dónde están los que deben poner y reponer el orden?
Referencias:
Morín E. Los siete saberes necesarios de la educación del futuro. Prólogo y capítulos VI y VII.
Rojas Soriano R. “Formación de investigadores educativos”, Edit. Plaza y Valdés, México 1992
Mario Alfredo Rodríguez León
Llamar la atención acerca de algunos de los fundamentos para la educación en el siglo XXI, se asume como una responsabilidad por parte de Edgar Morín; situación afortunada ante la vorágine de los tiempos que vivimos. Morín agrega valor a esta visión dado que su planteamiento mantiene una orientación humanística y filosófica en sus reflexiones. Citar, entre otros, a la “pertinencia” del conocimiento y sus principios, al insoslayable repaso sobre la condición humana con todo y su obvio carácter terrenal, la enseñanza para enfrentar la incertidumbre y sobre la comprensión, redondean su planteamiento. Deja por último, y si bien no menos importante, el repaso sobre la ética que pertenece al género humano.
Sobre esta disertación de Morín, caben reflexiones y comentarios.
Para “enseñar la comprensión”, primero debe materializarse el concepto: "Comprender es pensar con lo sabido y aplicarlo con flexibilidad en el mundo” (Martha Stone W, Harvard University) . Entendidas como funciones cerebrales superiores; entender y comprender se convierten en base del conocimiento y favorecen –es más, aseguran- su perpetuación. ¿Memoria o “entendimiento”?, cabe esta diferenciación. La sola “retención de datos”, construye la memoria; este precepto sirve aún en las computadoras y las hace más poderosas en tanto sean “rápidas” y con “mayor capacidad de memoria”.
Para la memorización se requiere de aplicar la atención; ésta, aunada frecuentemente a la repetición, permite la “retención de hechos”. Frecuentemente, en el ámbito escolar de cualquier nivel, se apela más por la memorización que por la comprensión de los conceptos transmitidos: “dos por dos son cuatro”; mejor lo recito… antes que “comprender” conceptualmente la adición o la multiplicación matemática. Si además a la comprensión se le connota humanismo, adquiere el carácter de sentir, de “sentimiento”. Este hecho dual, Morín lo sitúa como objetivo e intersubjetivo; este último precisamente orientado más hacia la solidaridad y la empatía. La comprensión requiere entonces de “componentes” que faciliten la misma. Por ende, existen “vicios” u obstáculos que conllevan a la “incomprensión” tan esparcida en todas las relaciones humanas: individuales, familiares, sociales y hasta internacionales, con implicaciones en TODOS los campos del ser y del saber humano.
Esta aplicación del término implica respeto para las relaciones. No entender o no comprender los preceptos de otro no justifica, en principio, la descalificación. Aplicada a la “cultura” (entendida ahora como la suma de las conductas individuales en un grupo), la comprensión alcanza posiblemente su máxima acepción. ¿Un efecto de este pensamiento?, muy probablemente alimenta lo es la democracia. La incomprensión alcanza e “institucionaliza” sinrazones. El holocausto judío, tan llevado y traído, es un claro ejemplo de “etno” y “sociocentrismo”. “La incapacidad de concebir lo complejo y la reducción del conocimiento de un conjunto al de una de sus partes provocan consecuencias aún más funestas en el mundo de las relaciones humanas que en el del conocimiento del mundo físico”, textual de Morín que deja en claro la idea de la incomprensión en el terreno social y aun entre naciones.
Se vale entonces el “comprender bien”. Esto sintetiza la aplicación ética de la comprensión. El bien común sobre el individual, prevalece como un principio que permitirá sociedades sanas y funcionales. Extrapolado al orbe, este fundamento mejoraría en mucho las relaciones humanas y la tolerancia se erige como una cualidad de valor, necesaria para la convivencia.
Contra estos principios, el ejercicio del “terror” como opuesto de la comprensión y de la tolerancia, magnifica la resistencia al bien común. El “terrorismo” pone de manifiesto estos comportamientos. Avivado frecuentemente por el “fundamentalismo”, el terror es habitualmente utilizado contra sujetos inocentes, es decir, personas que nada o muy poco tienen que ver con la situación de origen y que son utilizadas para “extremar” los comportamientos. Las personas fallecidas en los vuelos y en las torres gemelas de NY en 2001 son hechas “objeto” del terror; su muerte utilizada para “convencer” acerca de sus principios y “fundamentos”. Palestinos inocentes que sufren día con día agresiones israelíes. Comunidades que padece el extremismo vasco; etnias pletóricas de incomprensión que se inmolan entre sí en el centro de África; ejemplos muchos, demasiados. Lo más destacable en ello es la definición: el que juega el papel de “terrorista” es o será, seguramente, “héroe” para la facción en conflicto. Choques de “conductas”, creencias y principios; materialización de la intolerancia extrema.
Sobre esta base, entender a la comprensión; definirla y conceptualizarla nos permitirá su transmisión, su enseñanza y particularmente su debida aplicación.
Por otra parte, la ética –o “antropoética”, como le denomina Morín-, anima el quehacer de la humanidad. Comprometer los comportamientos de los grupos sociales a la ética obliga a la “humanización” de la humanidad. El precepto invita a evocar un “re-renacimiento”, característico del siglo XVII. La humanidad “renacida” sobre preceptos éticos para obedecer a la vida y para guiar la vida.
Pareciera, cuando menos de facto, que este nuevo renacimiento podría favorecerse en los tiempos modernos a través del ejercicio de la democracia. En este tipo de organización política y social, el individuo es un ciudadano; una persona con derechos y con obligaciones para sí y para con los demás.
Recientemente, a la “globalización” se le ha señalado como el artífice de la deshumanización y de la intolerancia. Quizá esto no es debido al “que”, sino al “como” este empequeñecimiento planetario e informático lo hemos asumido. Es cierto que la globalización se ha hecho a modo de las comunidades financieramente más poderosas. Al resto nos ha quedado aceptar y asumir un rol no siempre deseado. En el mejor de los casos, desempeñarnos de tal manera que “salgamos” bien librados y hasta posicionados del mismo. Aspiración y voluntad; sentires supeditados a la voluntad y dependencia de otros.
En ámbito de la enseñanza-aprendizaje, la ética y la comprensión se erigen como elementos necesarios a compartir con las generaciones en formación. Insisto, difícil tarea si no se cuentan con los conceptos y fundamentos bien claros. Morín insiste una y otra vez en la necesidad de entender, de comprender los términos y sus ámbitos en la sociedad, para con ello garantizar su enseñanza y aprendizaje. Solo así la democracia, el planeta y la vida tendrán futuro.
Dado que, al menos hasta nuestros días, no ha habido otro tipo de organización que supere el orden social obtenido por las avanzadas democracias, éstas se han convertido en el referente. Los países nórdicos europeos son quizá el mejor ejemplo de evolución de esta forma de organización. Interesante ha sido que han alcanzado niveles “ideales” –o casi-, exclusivos del socialismo.
Cabe ahora una última reflexión sobre la ética; particularmente sobre su propia presencia y permanencia en la humanidad: ¿Cuál será la ética del mañana?; sobre la base de lo “bueno para todos”, es muy posible que este bienestar se le reduzca, en breve, a más seres humanos. Las carencias alcanzan niveles inimaginables; al planeta lo hemos enfermado en grado extremo, las sociedades van perdiendo terrenos de paz y comprensión. Los “malos” (crimen organizado, terrorismo, extremismo y fundamentalismo) permean las sociedades y avanzan en la medida que la rentabilidad aumenta. Los medios de comunicación hacen y colaboran con su parte… para unos pocos. La enajenación de los medios va mas hacia el “convencimiento sobre lo bueno” que pregonan los poderosos y los políticos que por las realidades del planeta. ¿Será capaz la sola conciencia ética de unos cuantos contra todos estos “valores” de pocos? Enseñar a entender y a comprender quedará como una opción viable para la conservación de la especie, de la vida. Ahí queda el pensamiento.
En cuanto al plagio en el trabajo científico (y en cualquier otro terreno y giro), menoscaba en lo fundamental al ser humano. “Robo”,”piratería”, “secuestro” podrían aplicarse casi como sinónimos. Finalmente el plagiario está robando, secuestrando o, en lo moderno, “pirateándose” la idea y el valor de otro. En lo científico, Rojas Soriano lo apunta cabalmente: apropiarse, sin dar el crédito debido, al propietario de las ideas y del conocimiento. Más allá del delito, el plagio representa un acto flagrante de deshonestidad. Sinceramente me parece que si bien se afecta a las ciencias (y a los científicos); es la sociedad en pleno la que pierde.
Duele ver muchas calles de nuestras ciudades PLAGADAS de robos intelectuales, científicos, tecnológicos, de diseño y hasta de música y cine… Duele de veras. En la medida que una sociedad se torna más hacia la piratería en cualquiera de sus formas, más atrasada y pobre será. El “beneficio” inmediato por la adquisición económica, conlleva a pérdidas catastróficas que paraliza el aparato productivo. Los “pobres” encuentran la manera de adquirir bienes “baratos” que de otra manera (legal) no podrían pagar. ¿Estarán realmente conscientes nuestros políticos de esta situación? El cáncer corroe y corrompe el organismo; la piratería, el plagio corroe el tejido social, afectan el aparato productivo y merma las reales posibilidades de desarrollo. “Dime que tan pirata eres y te diré hasta donde llegarás como sociedad…” La reflexión va más allá de una postura ética o moral; la llevo a lo pragmático de perder, día con día, poco a poco, la conciencia sobre lo bueno y lo malo. El hábito hecho costumbre, la costumbre hecha ley… A eso hemos llegado.
Insisto, hoy nuestras calles son espacios sin orden, sin respeto, sin recato. Frente a todos, se suceden, como si nada, eventos cotidianos y masivos de plagio y robo intelectual. Las autoridades responsables de la sanción, de la aplicación de las leyes hacen nada; o bueno quizá sí hacen… coludirse y obtener beneficios personales de ello.
Ética, moral, respeto, desarrollo. Bienes, verdaderos patrimonios sociales que poco a poco devaluamos y perdemos. ¿Qué hogar mexicano no cuenta con algo pirata? Llevado a la ciencia, a la educación a la tecnología, esta conducta terminará por comerse, tragarse todo. ¿Dónde están los que deben poner y reponer el orden?
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Morín E. Los siete saberes necesarios de la educación del futuro. Prólogo y capítulos VI y VII.
Rojas Soriano R. “Formación de investigadores educativos”, Edit. Plaza y Valdés, México 1992
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